Más viva que nunca. Así está la gastronomía mexicana en nuestro país. Por dicha. Porque pocas cocinas en el mundo tienen la variedad, sabor, potencia, originalidad, calidez y cercanía que la cocina mexicana. Y cuando digo cocina mexicana digo muchas cocinas; un universo de cocinas, pues ese gran país tiene mares, sierras, valles y toda clase de productos, de pueblos, de influencias, de imaginarios que conforman ese basto e inabarcable universo que nombramos ‘comida mexicana’.

Ahora que lo pienso, la metáfora de la teoría del Big Bang de Stephen Hawkings aplica aquí: todo el universo estuvo concentrado en un solo punto –digamos, un grano de maíz– que contenía la génesis de toda una cultura gastronómica. Porque no hay forma de imaginar a México sin el maíz.

Su majestad, la tortilla, portadora de una pescadilla.

Su majestad, la tortilla. Foto: Eyleen Vargas

Entonces, primero fue el maíz, la tortilla y luego todo lo demás. Todo lo demás es mucho decir, y se dice fácil, pero representarlo no es sencillo. Así que menuda tarea tiene un restaurante que quiera ser un buen representante de ese universo gastronómico mexicano.

Por dicha –reitero– hay valientes que se atreven a enfrentar el reto y lo hacen bien. Por dicha probamos, nos encantó y podemos recomendar el Restaurante Distrito Federal. En el centro comercial Santa Ana Town Center, en el segundo piso, en su mercado gastronómico, está Distrito Federal, aireado, ventilado y con su cocina mirando el horizonte, porque por ahí va la mirada de su líder: Mango.

Moderno, vibrante y con buena onda.

Moderno, vibrante y con buena onda. Foto: Eyleen Vargas

Mango perdió hace mucho su nombre, aunque a veces cuando mira la cédula recuerda que se llama Armando Gómez y que tiene 45 años. También, a veces recuerda que antes de ser chef estuvo en el mundo de la publicidad y que lo dejó todo para viajar al sur, a hacer sus horas de práctica de chef.

Cocteles sacagomas/levantamuertos/vuelvealavida

Cocteles sacagomas/levantamuertos/vuelvealavida. Foto: Eyleen Vargas

Fue una vuelta larga, pues para llegar al norte, a México, primero tuvo que ir a Chile, a la Patagonia chilena, para encontrar el amor en México. Con Keylia Murillo tiene una sociedad que desborda el techo y el lecho y los encuentra halando juntos la carreta de sus proyectos.

Al proyecto nombrado Distrito Federal sumaron a la mamá de Keylia, doña Herenia, quien a mano amasa la masa con el proceso típico de la cal, para que así la tortilla aguante lo que le pongan. En realidad, unas 3.000 a la semana.

Como hormigas, han ido y siguen trayendo ingredientes, la vajilla de peltre (loza, que decimos aquí), molcajetes y hasta el jefe de cocina.

Cocina de la que salen platillos que no suelen ser los mismos de siempre en otros restaurantes: aguachiles, cocteles con mariscos y cerveza, pescadillas, empanadas de masa argentina y corazón mexicano, jarritos locos, molcajetes norteños, los infaltables tacos, chilaquiles y un buen desfile de platillos representativos de ese universo que llamamos comida mexicana.

La comida mexicana que nos gusta, enamora y podemos recomendar: Distrito Federal. ¡Bien hecho, Mango y compañía!