Hay fuerte competencia y un buen ramen despierta pasiones entre los fanáticos de este plato japonés.

Ramenezco en barrio Escalante

Ramenezco en barrio Escalante. Foto: Eyleen Vargas.

A Ramenezco lo conocí hace poco más de un año, en su primer local. Un pequeño restaurantito donde Esteban Rojas, uno de los socios y cocinero, me presentó su emprendimiento. Me habló de su pasión por la comida asiática, saludable, de su búsqueda, junto con su socia Marcela Arias de ofrecer un ramen de calidad.

Ahora volví a conocer su nuevo local, 100 m al este y 25 al sur del Fresh Market, en barrio Escalante, tienen el espacio suficiente para dejar volar su imaginación y trabajar para que su laboratorio de ramen se consolide.

El mundo del ramen vive un auge desde hace varios en Costa Rica. Hay fuerte competencia y un buen ramen despierta pasiones entre los fanáticos de este plato japonés. Algunos restaurantes hacen sus fideos, otros los importan. Todos miman sus caldos, pues ahí reside gran parte del secreto para un buen tazón.

Los dos 50 % de Ramenezco

Los dos 50 % de Ramenezco: Marcela y Esteban. Foto: Eyleen Vargas.

Ramenezco tiene una oferta variada, que va desde el infaltable tonkotsu, con su huevo ajitama y las lonjas de cerdo (chashu), hasta ramen vegetariano. Las proporciones son generosas, con caldos llenos de sabor y tazones decorados con elementos comestibles, algunos sobresalientes, como los hongos y el tomate.

El ramen, como sabemos, es un camino difícil, pues no es un plato fácil de domar. Exige una devoción de monje enclaustrado, para que el caldo, la carne, los fideos y los otros ingredientes se conviertan en una experiencia sobresaliente. En ese camino, de fuego, pero también de juego –pues el duende que habita en los cocineros tiene que divertirse– está Ramenezco.