Avatar Indian Cuisine es un buen lugar para explorar lo que India ofrece en la mesa.

Avatar Indian Cuisine es un buen lugar para explorar lo que India ofrece en la mesa.

Por Alberto Gatgens, periodista gastronómico

republicaindependiente@gmail.com

Avatar  Indian Cuisine completa mi santa trinidad de restaurantes indios en la zona de Escazú. Lo visité hace unos días, pues, como he expresado públicamente en este blog, la comida india está entre mis grandes favoritas. Y valió la pena la visita.

Ubicado en el centro comercial La Paco, en Escazú, su decoración barroca sobresale sobre la llanura de los otros restaurantes de esa ala y es un anuncio de lo enserio que se toman cocinar y servir.

La tanda empezó con una tortilla crocante de garbanzo de sabor ligero, ideal para empezar los picantes de la casa. Ustedes saben, los indios adoran el picante y en esas regiones tienen las especies más poderosas del mundo, con niveles de capsicina (el compuesto que “pica”) muy elevados.

Uno de los chiles más populares con que cocinan en la cocina india y tailandesa es el Naga Jolokia, por ejemplo, que triplica con facilidad al chile panameño más pintado.

Así que vayan con cuidado si no son de esos –como yo– aficionados a sudar la calva, “moquiar” y “lagrimiar” con gusto el disfrute de un buen picante. En nuestro país los restaurantes indios que conozco te sirven el picante aparte primero y también preguntan si se quiere algún picante incorporado en la comida, así que no se preocupen.

Para variar, porque no solo de lassi de mango vive el amante de la comida india, tomé el lassi de mora y mi acompañante el de fresa. Debo confesar ante el altar de la honestidad que –como suele suceder que nos gusta más la comida que pide nuestro vecino– el de fresa me gustó más, pues era un tantito más dulce, robusto y acentuado, aunque el de mora era más sutil y delicado. Menos impositivo y sugerente, para decirlo de otra forma.

Es cosa de gustos, sin duda, pero ambos son harto recomendables para alternar a su majestad el lassi de mango, ese batido espeso de yogur natural y fruta, infaltable en el menú de los restaurantes indios por el que haría romería.

En Avatar probé por primera vez (por dicha sigue existiendo las primeras veces) las palak pakora chaat, que son unas empanadillas de espinacas rebozadas, fritas, acompañadas de frituritas de garbanzo. Su sabor predominante es la espinaca, luego un poquito a alguna harina, y marida muy bien con la ligera y contundente salsa de tamarindo.

Los platos fuertes empezaron con el seekh kebab de pollo. Es carne de pollo molida formada alrededor de un pincho, con fuerte presencia de especias, como cardamomo y comino, y ligeras notas de limón. Se cocinan en el tandoor, el horno tradicional indio, por lo que también traslada a las papilas el sabor del fuego.

Reconfortante, jugoso, fresco, ligero, lleno de sabor. El nivel con que Avatar nos presenta un plato tan sencillo a base de pollo es una alegría, pues como canta en Oriente Henry Fiol “lo sencillo de este mundo siempre es lo más profundo”.

Casi olvido comentar el pan naan. Es imposible pensar en la comida india sin acompañarla del naan. Ese pan ligero y delgado como una tortilla, con sabor a tandoor. El de ellos tiende a ser más bien un poquito grueso. Lo pedí con ajo y su punto estaba en el pleno perfecto.

Vendrían dos platos más: el cordero con azafrán y el pollo con coco. El primero, hecho en una delicada, con notas dulces y untosa salsa de semillas de marañón, especias y culantro fresco, es un goce para el paladar y un regocijo para el espíritu hambriento de la plenitud. Sus breves notas ácidas son un punto fuerte que contrasta y dan redondez al plato.

El cordero muy suave, con su característico sabor fuerte, aunque firme a la mordida. Estos platos de salsa (currys) se complementan primero con arroz basmati y así se disfruta más la salsa, y luego con el pan naan, pues así se limpia el tazón.

Este arroz con guisantes (petipoas, en tico) y especias estaba muy bueno, pues tenía harto sabor, en su punto de firmeza y refrescante por lo verde que incorpora. Al menos uno cree que es más dietético.

El segundo, fue el pollo con curry y coco fue otra novedad en mi paladar. El sabor a coco delicado, casi romántico, maridado hasta el final con los tersos dados de pollo, que en conjunto con las especias de la salsa invitaban a seguir la dialéctica entre el comensal y el plato.

Punto final fue el helado casero de pistacho. Delicioso, de fuerte sabor a pistacho fresco y textura rústica descansaba sobre un culí de fresa, cuya acidez y dulzura contrastaba con el sabor del pistacho. Además, el inflatable gulab jamun, o bolitas de leche esponjosas en almíbar, bien logradas, como punto final de una comida que vale la pena compartir con ustedes, estimados gastronomistas.

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Alberto Gatgens es periodista y chef. Trabaja como asesor de comunicación y se especializa en creación de contenido gastronómico. Estudió literatura y ha sido restaurantero. Brinda asesorías de servicio al cliente para restaurantes y empresas del sector gastronómico. En sus redes sociales (Facebook Gastronomistacr e Instagram Elgastronomistacr) puede conocer más sobre sus reseñas gastronómicas y las fotografías de comida que realiza. Si desea contactarlo puede hacerlo mediante el correo electrónico republicaindependiente@gmail.com.