Ostería Fainá recoge en su pequeño y acogedor salón, en el Triángulo de Pavas, la esencia de la Liguria, de Génova, de la niñez y de la eterna búsqueda de los cocineros italianos del sabor inasible que vive en la memoria, en la casa de la mamá o de la abuela.

Ostería Fainá: aquí se sirve la farinata o fainá, un típico plato hecho a base de harina de garbanzo. Foto: Eyleen Vargas.

Ostería Fainá: aquí se sirve la farinata o fainá, un típico plato hecho a base de harina de garbanzo. Foto: Eyleen Vargas.

Larga, antigua, poblada por diferentes pueblos que aprovecharon la costa o la montaña, el frío o el calor, para sacar de la naturaleza y de sus fuerzas el alimento, Italia es un hit mundial permanente por su comida.

Viajeros interminables caminaron, rodaron o navegaron por el mundo para ver, oler, conquistar… y comer. Así, por ejemplo, tomaron los fideos de Asia y el tomate de América para darnos el espagueti en salsa de tomate. Sencillo, básico, delicioso.

Pero Italia es mucho más que espaguetis y pizza. Mucho más. Mucho. Por eso, encontrar un restaurante que no recurre a los clichés culinarios (que sí, a todos nos gustan, sin duda) y arriesga el pellejo al ofrecer platos prácticamente desconocidos, como la farinata, es un sitio al que, como lo hiciera Marco Polo en sus viajes a Oriente, hay que ir. Y hay que volver.

Ostería Fainá

Este acogedor restaurante está en el Triángulo de Pavas. Foto: Eyleen Vargas

Ostería Fainá recoge en su pequeño y acogedor salón, en el Triángulo de Pavas, la esencia de la Liguria, de Génova, de la niñez y de la eterna búsqueda de los cocineros italianos del sabor inasible que vive en la memoria, en la casa de la mamá o de la abuela.

Esa es la historia de Marcelo, quien encendió el fuego interno por la cocina a los 14 años. Desde entonces, nunca salió de los fogones. Casi 40 años después sigue, cual Sísifo rodando la piedra, desafiando a los dioses diciéndoles: ¡no me arrepiento ni un solo día, hijos de puta!

Ostería Fainá

Ostería Fainá tiene un menú de desayuno, cosa poco común entre los rest. italianos de aquí. Foto: Eyleen Vargas

Italiano trabajador, abre para los tres tiempos de comida. Por lo que probar el desayuno es un descubrimiento por venir. Mientras tanto, puedo afirmar que la fainá me encantó, los ravioles (hay de varios rellenos) y la salsa ragú o la de tocineta son fuera de serie y que si están hartos de la pandemia, de Trump y del encierro, una pequeña aventura siempre es darle al paladar nuevas experiencias. Los italianos saben de eso.

Y como si no fueran buenas estas noticias, en este video también les presento a la nueva miembro del equipo de El Gastronomista: Eyleen Vargas, gastronomista y viajera de hueso colorado, fotógrafa profesional y gran conversadora. ¡Ciao, Eyleen! (Que en italiano todo suena lindo).

(Todas las fotografías de este reportaje fueron realizadas por Eyleen Vargas).