La milkshake de vainilla tiene el insuperable sabor de siempre: a niñez, a buenas épocas. Foto: Alberto Gatgens.

  • Baile con los Beach Boys mientras se toma una malteada espesa y fría.
  • Mire a los camareros con su uniforme setentero coreografiar una canción mientras se come su hamburguesa con papas.

Por: Alberto Gatgens, el gastronomista, republicaindependiente@gmail.com

Es como viajar en el Delorean de Emmett Brown y Marty McFly a los tiempos mozos de Hill Valley y toparse con la versión joven y delgada de uno. Un sueño hecho realidad para quienes añoran los tiempos idos (que siempre recordamos mejores).

La franquicia californiana apostó por esa nostalgia para vender la comida típica estadounidense junto con la experiencia de una década, que muchos no vivieron, y el resultado es un sitio que, al menos en Costa Rica, no tiene similar.

Además del menú permanente, Johnny Rockets tiene menús por tiempo limitado que hacen énfasis en algún producto. En estos días fui a probar su propuesta enfocada en el aguacate en el restaurante de Escazú Villague, donde, por cierto, sí venden cerveza.

Los bastoncitos de camote y la salsa ranch tienen un contrato: juntos son insuperables. Foto: Alberto Gatgens.

En vez de papas, la elección de los bastoncitos de camote fritos fue un acierto considerable. Con su característico dulce de fondo, el camote combinó de manera magistral con la salsa ranch. Sencillo. Inesperado. Efectivo. Adictivo.

También compartí unos totchos, que es una especie de hash brown en forma de croqueta, con aguacate, chili, queso chédar y tomate picado. Muy crocantes afuera, muy suavecitos por dentro, son una entrada para compartir con el grupo y arriesgarse a salir de las dictatoriales papas fritas.

Aquí debería venir la estrella del almuerzo. El plato fuerte. Una hamburguesa. Y no es que la Avocado Bacon Ranch Burguer no cumpliera a cabalidad. Al contrario: superó mis expectativas. El pan tostado, suave por dentro y ligero a la mordida es el preámbulo a la tocineta crocante y a una torta de carne que marida muy bien con las salsas.

La hamburguesa estacional con aguacate tiene un sabor muy clásico, se va por lo seguro y el aguacate aporta ligera frescura tropical. Foto: Alberto Gatgens.

Es un sabor muy clásico de hamburguesa: carnoso, con buena mezcla de sabores, potenciados por las salsas y una presencia de fresco verde por el aguacate apenas notorio. Una hamburguesa bien conseguida por un precio razonable que bien podría ser la atracción de esta crónica, pero no. Para mí la estrella del almuerzo fue el batido.

Y si con los camotes y los totchos fui intrépido y osado, con el batido fui conservador, cuidadoso y metódico: aposté por el de vainilla. Hecho con su propia receta de helado de vainilla, el resultado es un frío y espeso batido de que se derrite en la boca, sin dejar rastros de grasa, con un sabor muy natural de vainilla, que enfría la garganta y calienta el corazón.

Uno, concentrado, sorbe y sorbe por la pajilla la felicidad; mientras, en alguna esquina del cerebro una voz pide que esas sensaciones no paren, que el batido siga llegando, no importa si directo a la vena o a tragos, pero que siga, que no pare, que siga siga.

Por este batido podría ir cualquier día de la semana a escuchar la música setentera que programa la rockolla, y me transporto en el tiempo a los recuerdos, mientras, me sentiré adolescente de nuevo, como si Johnny Rockets fuera en realidad la fuente de la eterna juventud que Ponce de León buscó en La Florida.

Si eres de los que vives para comer, entonces seremos buenos amigos. Mi trabajo es antojar a la gente. En mi Facebook podemos interactuar de manera directa y en Instagram encontrarás más fotografías de comida. ¡Adelante!