Fueron ocasionales hace un tiempo, ahora son cotidianas: las arepas venezolanas llegaron para quedarse. Por dicha. Si ya descubrió las arepas, suba al siguiente peldaño, no se resista y déjese caer en Arepera To Go.

Canastita de patacón con queso, cebolla y mayonesa de culantro.

Juan Andara y María Teresa Buroz alunizaron en Costa Rica hace casi tres años. Y digo que alunizaron porque migrar es un viaje tan complicado y lleno de incertidumbres como montarse en un Apolo rumbo a la Luna.

Decidir qué hacer en un país ajeno al propio no debe ser sencillo, menos cambiar de manera radical de profesión. María es socióloga con énfasis en gestión medio ambiental y Juan es ingeniero agrónomo y consultor ambiental especializado en proyectos de infraestructura y su relación medio ambiental.

Fue por sus profesiones que conocieron Costa Rica y cuando llegó el momento de dejar la patria ya tenían adelantado algún camino. Sobre todo gastronómico, pues habían probado la comida de muchos pueblos, de soditas a la vera del camino en la península de Puntarenas o de Sixaola, cuyas frescas hierbas llamaron la atención de Juan.

Tercera generación de cocineros caseros, Juan ya se había enfrentado a la cocina de masas no solo por la materia prima de las arepas sino porque la primada era grande en cada evento familiar: docenas de parientes por alimentar fueron el campo de entrenamiento para no asustarse ante un pedido de mil arepas.

Trío de antojo: empanada, tequeño y canastita de patacón.

Decir arepas en Venezuela es como decir aquí empanadas. Las hay de los rellenos hasta donde la imaginación alcance y más allá. Y al igual que las empanadas (y aquí finalizo la analogía) las arepas tienen sus clásicos. La reina pepiada y la arepa pabellón habitan en el altar de las deidades.

Populares, omnipresentes, callejeras, las arepas son el gallo pinto de los venezolanos: infaltables e insustituibles en su amplia gastronomía.

Luego de varios meses de gestación, prueba, ajustes, pruebas con grupos y vender desde el apartamento, la decisión se concretó en un pequeño local en el centro de la Guácima, que fue el precursor de donde se encuentran ahora, 300 al oeste del súper La Canastica. “Fue un fenómeno, primero en el condominio, luego en la feria del agricultor a la que íbamos”, dijo Juan acerca del vertiginoso crecimiento que han experimentado.

El nombre lo dice todo ‘Arepera To Go’. Ese es el énfasis: para llevar, aunque algunos comensales ocupan dos mesitas que en el frente del negocio hay para esperar y no se aguantan las ganas de comer las arepas frescas, del grosor adecuado, con el punto de cocción perfecto, crujiente, cuya masa tiene sabor destacado, pero le cede el campo a los ingredientes que atesora.

Esa arepa abierta al medio es como una ostra con su perla adentro: protege el tesoro que se nos ofrece: carnes, quesos, salsas y acompañamientos que se maridarán para producir nuevos sabores.

La amaíz se deja ver.

La historia de Juan y María es la historia de gente que se muestra agradecida con el país de acogida y tratan no solo de salir adelante sino de sobrevivir con el fruto de su trabajo. Ellos, en vez de pensar que abandonaron sus profesiones, sienten y reflexionan que más bien sus carreras profesionales los prepararon para esta nueva etapa, de la que se muestran enamorados y apasionados.

Por ejemplo, su interés por el medio ambiente se ha mostrado en su esfuerzo por el reciclaje, por tener una cocina sostenible y por encadenarse a los productores locales. De 35 proveedores que tienen en la actualidad, unos 30 son vecinos o de los alrededores de La Guácima. “Le compramos el culantro a un señor que lo arranca en la mañana y viene a dejarlo en bicicleta”, dice la pareja sin poder contener su emoción por la frescura del culantro que recibe todos los días.

Ese amor, esa pasión por el producto se traslada, definitivamente a las arepas, a las empanadas, a los patacones. Su producto ha sido acogido, al igual que ellos, por la comunidad. Aseguran tener una clientela 95 % costarricense. Es decir, la arepa dejó de ser el plato nostálgico para los venezolanos que encuentran en ella su conexión ancestral para ser uno más de la paleta de sabores de los costarricenses.

“Esto es lo más satisfactorio que he hecho. Pasar tantas horas en la cocina sin que sea molesto es bueno”, afirma María Teresa. Su visión y experiencia profesional gobierna su curiosidad y los ha llevado a comprender el gusto local. Así han adaptado los sabores de su tierra a los gustos de su clientela y sueñan con hacer de su empresa una empresa “tica grande y poderosa”. Los planes apenas empiezan.

Y empiezan no por su comida, sino más bien en el brillo de sus ojos al hablar de sus arepas, del encadenamiento con los productores locales, de la acogida de los vecinos, amigos y clientes, de abrir sus arepas a rellenos propuestos por sus clientes, que luego de las etapas de laboratorio pueden llegar a quedarse de forma permanente en el menú.

Empieza el desfile: la reina pepiada.

El menú es amplio, pero nada que maree. Decidido por los clásicos, por la elección sin riesgo, por el antojo certero. Luego habrá tiempo de volver por más. La empanada de carne mechada llegó con un sabor muy fresco a la mesa. El maíz de sabor fuerte, con ligera acidez y carne suave. La canasta de patacón destacó por el buen plátano y en especial por queso de sabor profundo y un poco fuerte, coronada por la mayonesa de culantro, ligeramente dulce y muy bien lograda. Un tequeño de masa crocante y ligera, con queso fresco, hizo el cierre de ese abrebocas.

La arepa más venezolana: la pabellón.

¿Cómo analizar una arepa? Hay dos posibilidades: el todo por las partes o las partes por el todo. El conjunto se puede saborear como una unidad, aunque también es posible, sin mucho esfuerzo, disfrutar cada capa de sabor: el frijol molido de reminiscencia acre, el queso de sabor profundo tipo Bagaces, y para el final el plátano dulce que se queda en el paladar recordándonos lo bueno que recién vivimos. Todo arropado por una arepa crocantita, bien cocinada, de sabor a maíz presente sin tapar los demás ingredientes.

La sensación de La Guácima: la amaíz.

La amaíz fue una sorpresa: un pollo finamente mechado, con queso semiduro tipo Bagaces, tomate y aguacate y su mayonesa de culantro hicieron que cada mordida antojara la siguiente. Suavemente dulce, con la acidez del maíz de la arepa, deja campo a su relleno. Una estrella en el firmamento de la comida popular que se debe probar.

Para el final, la reina del carnaval: la reina pepiada. Mundialmente famosa por tener corona de concurso de belleza, la reina pepiada es una de las más famosas fuera de Venezuela. El pollo con aguate en una cremosa “ensalada” (de hecho, me recordó de inmediato la chicken salad gringa). Cada arepa correctamente cocida, del grosor adecuado, llenadora.

Su majestad, la reina pepiada.

¿Cómo un plato tan sencillo puede ser tan bueno? A veces, como dice la canción de salsa, “lo sencillo de este mundo siempre es lo más profundo”. Lo que no podemos es confundir la sencillez con el descuido, porque, al contrario, las arepas, si se hacen con esmero y buenos ingredientes darán un gran resultado, pero si además se hacen con la alegría, el amor y la pasión de Juan y María, el resultado será una arepa de Arepera To Go.

Ya sea por Uber Eats, o si van o los llaman directamente a ellos: encarguen y prueben sus arepas (8517-9520) y demás productos y luego, repitan conmigo: ¡Larga vida a Arepera To Go!