El cuidado en el sabor, el orgullo por conseguir que cada plato sea de máxima satisfacción por el cliente, me auguran un feliz regreso.

Hongos frescos, cerdo delicioso, huevito bien marinado en soja, fideos caseros, caldo de gran calidad.

Me escapé hace unos días –con todos los cuidados de rigor– a probar un tazón de ramen a Ramenezco. Ramenezco es un pequeño sitio especializado en esta comida japonesa en Escalante.

Ahí Esteban Rojas comanda la cocina que más bien tiende a laboratorio: en evolución permanente, en la búsqueda eterna del sabor perfecto. Eso es Ramenezco, un lugar donde se toman en serio el ramen.

El caldo tonkotsu con cerdo: infaltable en su visita.

Sus fideos, hechos a mano, son un buen punto de partida: buen sabor, sin ser demasiado pesado o grasoso (cosa que no es problema en el ramen, al contrario). La panzada del chanchito (a quien honramos su sacrificio para alimentarnos) estaba deliciosa, tierna, con buena mordida; gran sabor aporta el hongo shitake fresco, no hidratado, y el huevito de pastoreo de agradabilísimo color, rematan un tazón hermoso y sabrosón.

También nos sorprendió la kombucha (especie de té fermentado con sabor de frutas), con un excitante punto de acidez, perfecta para evitar la gaseosa o como alternativa a la cerveza. También probé su kimchi, me gustó y lo disfruté montones. Ramenezco me gustó y volveré a probar el resto de su menú, que va desde el tonkotsu, hasta un ramen sin caldo, que se sale de lo habitual.

Caldo, sabor y experimentación: Ramenezco es un laboratorio de ramen.

El cuidado en el sabor, el orgullo por conseguir que cada plato sea de máxima satisfacción por el cliente, me auguran un feliz regreso. ¡Nos vemos pronto, Ramenezco!